Silencio. Ni siquiera se escucha un revoloteo de alas de las moscas. Sólo el aire que ni siquiera podemos ver, pero si sentir. Silencio. A los dos segundos empieza a sonar una bella melodía. Por su testura, deduzco que es Chopin, y cuando me acerco al gran piano negro de cola observo en la partitura que efectivamente es la Balada Nº 1 de Chopin. Es impresionante como la música clásica te puede cambiar el ánimo de un segundo a otro, y más, cuando al acabar de tocar la estupenda pieza musical, sin comenter ningún error, te levantas, me besas, y de tu boca salen esas dos palabras, esas ocho letras...

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